Y luego,
guinda del pastel, prefacio de polvos y lodos, bruja aguarda
la noche, en plan vip como en el Ábaco de la vieja
y bohemia Lonja donde por una copa de cava piden mil duritos
(sonriendo y muy bello el lugar, eso sí), o el restaurante
Tristán de Portals Nous, en el que no es raro tres
de cada cinco noches cenar junto al Rey y la más
¿distinguida? crem della crem veraneante española
y europea; también, en plan juerga chic, el Made
in Brasil, el Hidro, el Aigua Blava y el Pachá del
Paseo Marítimo ofrecen camisitas de marca y pelos
engominados de 'gete guapa' entre 25 y 35 años; lo
más chusco queda por las playas de El Arenal y Magalluf,
Germany & England en estado puro, cobijo, entre otros
muchos lugares de la llamada 'marcha total' (a lo Ibiza
pero sin tantos modales) de la macro-disco más inmensa,
ruidosa y cañera de toda Europa: BCM; y por último,
si eres de los míos, hemos de quedar, sí o
sí, en verano y en invierno, por los garitos de la
zona de La Lonja, blues en vivo, cantautores de cubata y
voz ronca ante el micrófono, creperies al estilo
del parisino Montparnás, buena gente de pelos largos
y camiseta blanca amantes de la poesía y de un buen
solo de guitarra acústica y de los aromas del verde
esperanza entre el humo de la libertad que aquí jamás
es fingida y que, si te apuntas, puede acabar con versos
de Goiti o Buko o Panero leídos a las tantas del
amanecer en la cueva de las musas de plata, o sea, en los
toplesses más acogedores y limpios y reconfortantes,
en la mirada en la voz o
en
la caricia, lo que tu prefieras, antes del sueño
semi-eterno y la playa y el sol amante del día siguiente,
si es que, como es de esperar, llegamos a verlo...
Oscurece
y ya cierran y pago el café y las hierbas dulces
y salgo de la barraca de pescadores y ya no llueve y abro
mi auto y entro en mi auto y arranco mi auto y poncho una
cassete del primer Sabina y canto y vuelvo a casa, a caballo
entre el invierno y el verano en cualquier estación
siempre en Mallorca. Vidrio bajado huelo a humo de chimeneas
de casa de pueblo, a boñiga de vaca cuerda a campo
abierto, a sal del mar que nunca desaparece y a flores mojadas
por la reciente lluvia, frío intenso que revive.
He
viajado por tres continentes y más de veinte países
y he tomado sol y he nadado en playas desde el Caribe al
Mediterráneo. Y he comido delicioso en muchas partes
bajo palmeras y cuevas. Y he olido papayas, y arcilla de
cañones, y a hierbabuena. Y he visto iglesias, de
día con vino sacro y de noche con cobre de muchos
grados y música maldita en yuxtaposición a
los coros de tiernos monaguillos con o sin futuro. Pero
como en Mallorca, en invierno y en verano, no he estado
en ninguna parte.
Ven
o no vengas, esa es tu elección. Ni te vendo ni te
compro, sólo te cuento. Pero si después de
todo se te hace venir a visitar, te ruego, no dudes en llamarme.
Y una tarde, siempre en verano, siempre en invierno, otoño,
primavera, en la loma de arena de Es Trenc, a no más
de veinte pasos del mar, empezaremos antes de acabar esta
historia por todos los rincones donde se te antoje y me
dejes ser Circe. Sea pues, amigo humano, y hasta siempre.
